lunes, 2 de mayo de 2011

ENTRERRIANO TAGÚÉ

“Entrerriano Tagüé”  - “ El Panza verde “  (Recopilación por Roque Casals)

“Si me llaman  “panza verde”

y hasta me dicen “tagüé”,
es porque soy entrerriano
en donde quiera que esté”.
                   (coplas anónimas)


                   “Panza verde” – Así le decían a los soldados del General don Justo José de Urquiza, gobernador de Entre  Ríos,  cuyo uniforme de color rojo era similar al de los federales del Brigadier don Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires, sólo lo diferenciaba una pechera blanca prendida al uniforme desde la cintura hasta el cuello, que al arrastrarse entre los yuyos y pastos se teñía de verde, de ahí que los soldados del bando contrario solían llamarlos  “panza verde”.

                   “ Tagüé “  Este apodo tiene  relación con un hecho histórico: la  Batalla de Caá- guazú, librada el 28 de noviembre de 1.841, entre el ejército entrerriano, comandado por el  Brigadier  Pascual Echagüe y el correntino comandado por el Brigadier José María Paz.
        
                   En aquel tiempo se usaban los trabucos cargados con pólvora por adelante, es decir, por la boca del cañón del arma, y como proyectil se utilizaban perdigotes (bolitas de plomo). Al disparar los proyectiles, algunos hacían impacto en el pecho y en la cara  de los soldados entrerrianos, pero debido a la larga y espesa barba los proyectiles no penetraban profundamente y no causaban mayores daños.  Eso sí, quedaban los rostros ensangrentados a causa de los impactos. De ahí viene el apodo de “entrerriano tagüé”, que traducido del idioma guaraní, quiere decir “ entrerriano pelo duro “

                   Sucedió este hecho a orillas del Río Corrientes, en el Paso  de “Caáguazú”,  Provincia de Corrientes, donde triunfaron las fuerzas comandadas por el Brigadier José María Paz, quien había sido contratado por el entonces Gobernador de Corrientes, don Pedro Ferré.

EL TANGUITO MONTIELERO


       Entre las especies folclóricas de la Provincia de Entre Ríos, es el Tanguito Liso o Rasgueadito Montielero, la expresión más genuina de su música.
       Se trata de una antigua pieza musical recogida de viejos acordeonistas, que animaban los fogones en los montes y obrajes del Montiel, de ahí su nombre.
       En cuanto a su nombre de Tanguito proviene probablemente del hecho de que los inmigrantes colonizadores europeos, que se afincaron en Entre Ríos en la segunda mitad del siglo XIX, llamaban con el nombre de “ Tango “ a cualquier modalidad musical argentina, incluido el Himno Nacional, vinculándolo con el naciente Tango de la Región del Plata. Para ellos era como decir “ música de la tierra o música argentina  “.
       Su ritmo musical y baile tienen similitud con el Rasguito Doble y hay una llamativa coincidencia con lo que expresa en sus versos el gran cantautor correntino Mario Millán Medina, en por lo menos tres de sus composiciones: Ellas son: 1) Bailecito Social: Dice que “ la entrerrianada de los Alcaraces al trotecito bailarán ” . 2) El Sobre Paso: Textual: “ Correntinos, entrerrianos, paisanada a bailar, el tanguito montielero, rasguido del litoral…. El tanguito montielero siempre nos suele alegrar, rasguidito de los montes,  que bailamos al compás. Bailecito de las yerras, de obrajes y ranchadas, y en noches de luna llena, alegre bailan las peonadas “. 


3) El Rancho de la Cambicha: Textual:” Esta noche que hay baile en el Rancho e’ la Cambicha, chamamé de sobrepaso tangueadito bailaré, chamamé milongueado al estilo oriental, troteando despacito como bailan los tagué “ ( Los Entrerrianos ). Más adelante expresa: “ Y esta noche de alegría con la dama más mejor, en el rancho e’ la Cambicha al trotecito tanguearé”.
Es claro el mensaje de sus versos en los tres temas. Se refiere en forma concreta e inequívoca al baile que saben los entrerrianos, en clara referencia al Tanguito Montielero.

Don Mario Millán Medina, quien era un agudo observador de las costumbres sociales de los pueblos y parajes que solía visitar con su grupo musical, le agradaba compartir con la gente, conversar con ellos, de modo que esos diálogos les resultaron enriquecedores y le permitieron acrecentar  sus conocimientos sobre costumbres, personajes, lugares, hechos culturales, etc., lo cual le sirvió de fuente de inspiración poética para muchos de los temas que fue componiendo a lo largo de su vida artística. Vivió muchos años en Viale ( Entre Ríos ) y desde allí salía a recorrer los bailes, actuando en los lugares más insólitos de imaginar: clubes, pistas de bailes, galpones de estancias y de estaciones del ferrocarril, pista de tierra de los boliches de campo, en los patios de las escuelas de campaña. En estos lugares que amó profundamente, participa, se relaciona y recoge las vivencias de su pueblo. Su poesía refleja todas esas vivencias y hoy tienen el valor de un documento, que se ofrece para el estudio de las especies musicales de su tiempo.

             En cuanto al baile del Tanguito Montielero no tiene una coreografía definida. Se baila en pareja enlazada e independiente. Pero como pieza dancística  se presta muy bien para el lucimiento de ambos bailarines, por la libertad de movimientos, basados en la creación espontánea,  acorde con su música, ritmo y melodía.
       En 1998/99 sucedió un hecho interesante vinculado con este tema. Una pareja de danza, compuesta por Noelia Telagorri y Adolfo Jaime, de Paraná, compitieron en el Certamen para Nuevos Valores del Pre-Cosquín, bailando el Tanguito Montielero y ganaron en todas las subsedes,  incluso en la final.


Hecho si se quiere muy auspicioso para los entrerrianos, considerando que el galardón fue obtenido, nada más ni nada menos, que en el escenario Atahualpa Yupanqui, de Cosquín, la gran vidriera del folclore argentino.

       Son principales referentes de esta modalidad musical folclórica: Edmundo Pérez y Santos Tala ( Escribano Carlos Lescano ). Ambos han realizado un interesante trabajo de investigación, tratando de exhumar, rescatar y poner en valor al Tanguito Liso o Montielero, pero también han compuesto varios temas, poesía y música, que fueron grabadas oportunamente por ellos y  por otros músicos, entre los que se cuentan a Los Hermanos Cuestas, Los del Gualeyán, Los Hnos. Spiazzi, Los Chamarriteros, Federico Gutiérrez y Los Poriajú, Ricardo Zandomeni y el Conjunto Guayquiraró, Julio López, José Albino, y hasta el salteño Daniel Toro, que en su tiempo de grandes éxitos, década del 70,  cantaba en los festivales del país el tema “ Entre el Mandarinal “, Tanguito Montielero, de Santos Tala.
      
Es interesante destacar también el aporte realizado por viejos musiqueros, dicho esto respetuosamente, músicos populares, para el mejor conocimiento del tema. Entre ellos corresponde mencionar al Sr. Maslein, acordeonista de San Benito, al Sr. Pancho Moreno, músico intuitivo múltiple y arreglador de instrumentos musicales, radicado en Hernandarias, casi 90 años, quien dice haber aprendido a interpretar canciones en sus años mozos de otros músicos de la zona, a Agustín Franco, de Santa Elena. Este último pudo dejar grabado en un disco fonomagnético  un repertorio de alrededor de 20 temas, realizado por el prestigioso investigador musicológico Carlos Vega, en 1942, mientras realizaba trabajos de investigación por las poblaciones enclavadas a la vera del majestuoso río Paraná, en viaje desde Bs. As. a Asunción ( Paraguay ).

La grabación, realizada en un disco de pasta, contiene las modalidades musicales tradicionales y folclóricas vivas de Entre Ríos de los últimos años, no todas pero sí la mayoría a saber:




 Chamarrita, Tanguito Montielero, Vals criollo, Pericón, Milonga, Compuesto entrerriano, Chamamé, Habanera, Mazurca, Shotis, Polca Rusa. También está grabada la propia voz de Agustín Franco, apuntando la modalidad de cada tema. En una parte dice “ tocaré un “ Tanguito antiguo “ que ahora llaman “ Chamamé “ .. Me lo enseñaron en Federal, en 1905 “.

       Es un excelente testimonio y a la vez un verdadero documento, porque confirma primero la existencia de un repertorio habitual entre los músicos populares y, segundo permite suponer que las raíces melódicas de todas y cada una de las especies musicales interpretadas por él, son mucho más profundas. Los archivos sonoros corresponden al Instituto Nacional de Musicología “ Carlos Vega “ ( Bs. As. ), lugar donde están muy bien guardados y se lo puede consultar.

       Hay otros datos no menos interesantes, que tienen que ver con el  reconocimiento e inscripción en SADAIC. Hubo un primer intento allá por la década del 60, en oportunidad en que Santos Tala y Edmundo Pérez quisieron registrar el tema “ Arbolito de Montiel “, bajo el rótulo de Tanguito Montielero, que fuera rechazado por la institución por carecer de antecedentes, no estar documentado y no registrar grabación anterior en ese género musical. Recién el año pasado, luego de que Edmundo Pérez presentara una carpeta y la correspondiente solicitud, el Directorio de SADAIC resuelve crear un sub-género denominado “ TANGUITO MONTIELERO ”, dentro del género folclore.( Acta N° 73 – fecha 08/10/2007 )    

       Los jóvenes que cultivan las danzas, la música y el canto regional,  necesitan material informativo para sus expresiones artísticas,  que los compositores e intérpretes provean la música para ser bailada o cantada en los eventos culturales. El Tanguito Montielero ofrece singulares características: la preciosidad de su danza, el encanto de su poesía y la belleza de su melodía. Junto con La Chamarrita, representan cabalmente a los entrerrianos.

jueves, 10 de febrero de 2011

Panorama de la Música Entrerriana

PANORAMA DE LA MÚSICA ENTRERRIANA
( Por  Roque Tito Casals – Santas Elena – Entre Ríos )
Un tema hermoso e interesante, sobre todo por la variedad de matices que hay en todo el contexto geográfico donde aparecen las especies o modalidades musicales que se fueron  gestando y cultivando  a través del tiempo, acompañando el proceso histórico, desde el período prehispánico hasta nuestros días.

En el primer caso, aparecen dos canales naturales que sirvieron de vínculos con la región y con el país: los grandes ríos que enmarcan la geografía provincial: Paraná y Uruguay. Ellos han sido los hilos conductores y transmisores de cosas culturales, lo cual ha generado un movimiento de ida y vuelta, permitiendo el intercambio y el enriquecimiento de la propia cultura.

         En el segundo,  el movimiento de tropas de los ejércitos, entre los cuales se pueden mencionar al que comandara el Gral. Manuel Belgrano, en 1.810, en su paso hacia el Paraguay, y las tropas de los caudillos federales: Gral. José Gervasio Artigas, Gral. Francisco Ramírez, Gral. Justo José de Urquiza y Gral. Ricardo López Jordán, y sumados a ellos, los ejércitos que atravesaron la provincia durante la guerra de la Triple Alianza.
                                                         
         Pero además hay que tener en cuenta que Entre Ríos ha sido escenario de importantes hechos y acontecimientos históricos que la vincularon con el resto de las provincias argentina, y por momento llegó a ser el centro del acontecer político del país,  destacándose dos lugares: el Palacio San José, residencia habitual del Gral. Urquiza y los Salones de Paraná, antigua capital de la Confederación Argentina, donde se interpretaron y bailaron las principales danzas de época.

Pero vayamos por partes, tratando ubicarnos en el tiempo y en el lugar de los hechos.

Los Indígenas y la música en las Misiones Jesuíticas

         Para hablar de la música de la región litoral o guaranítica, se impone una separación absoluta entre la práctica musical indígena antes del coloniaje y lo que fueron las misiones jesuíticas.
        
Sabido es que la práctica musical primitiva de los aborígenes – dice don Dalmidio Alberto Baccay, en su libro “ Vitalidad expresiva de la música guaraní “ -, se reducía a gritos incoherentes, sin relevancia lingüística y chillidos monótonos, en las fiestas rituales que comenzaban a media noche y  duraban hasta la salida del sol.

Con el advenimiento de los Padres Jesuitas, pedido al Rey de España por el propio Hernandarias, Gobernador criollo del Paraguay, con el fin de extender el orden de las reducciones en esta parte de América, los sacerdotes de la Orden de la Compañía de Jesús, fundada por San Ignacio de Loyola, se inició un proceso de promoción humana, cultural, social y espiritual para con el aborigen.    


En 1609 llegaron los primeros sacerdotes y se establecieron en la Región Guaranítica, abarcando los actuales territorios de Paraguay, Bolivia, sur de Brasil, Uruguay y la Mesopotamia Argentina.

         Es necesario aclarar para no mezclar las cosas, que la presencia de los españoles en América se dio en tres frentes: 1) La conquista, cuyo símbolo fue la espada, 2) La colonización con la fundación de pueblos, instalación de comercios, la industria, el trabajo, etc., y 3) La conquista espiritual, teniendo como símbolos la Cruz y Los Evangelios. En estos dos últimos frentes actuaron los sacerdotes de la Compañía de Jesús

El Superior de la Orden Religiosa, el Padre Diego de Torres, desde el comienzo de las misiones había instruido a los sacerdotes que enseñen a los niños a leer, escribir, cantar y aprender música. En pocos años tuvieron coros a tres voces, acompañados por chirimías, instrumento a viento, parecido al clarinete, fabricado por ellos con cañas y otras maderas de la zona. Estos coros concurrieron en varias ocasiones a cantar a Buenos Aires, viajando en canoas y siendo reconocidos allí por la calidad de sus interpretaciones.
                  
Los padres jesuitas, primero tuvieron que aprender su lengua para comunicarse con ellos, es decir, el guaraní,  luego les enseñaron a trabajar la tierra, los variados oficios, florecieron las artes y las artesanías, les dieron educación a los niños, jóvenes y adultos. Los aborígenes a su vez demostraron tener una gran disposición para trabajar, aprender  y participar en los oficios religiosos, con sus grupos corales, interpretando la música litúrgica  en el mejor nivel.

Según refiere el Padre Guillermo Furlong, uno de los  grandes y más prestigioso investigador de la historia social y cultural de nuestro país, en lo referente a la educación musical en las misiones,  dice que fue realmente maravillosa. Periódicamente llegaban a las reducciones, músicos europeos de preparación completísima, pero ninguno de esos pueblos pudo alcanzar el esplendor de Yapeyú, cuyo centro musical llegó a ser el más importante de esta parte de América, que estuvo a cargo del Padre Antonio Sep, oriundo de Alemania, quien se destacó tanto en la educación musical como en la fabricación de instrumentos: violines, arpas, guitarras, clavicordios, chirimías, trompetas, órganos, cornetas, etc.                 

         Siguiendo las investigaciones realizadas por el Padre Guillermo Fourlong, habla de la natural afición de los indios a la música. Ellos escuchaban atentamente los cánticos espirituales, acudían a verlos cantidad de ellos y parecían  tener en los cantos especial gusto.       
        
Tenían muy buenos maestros de música y han heredado y cuidadosamente retenido las ciencias  y las artes que los jesuitas les  legaron. Aprendieron a interpretar la música compuesta por grandes genios europeos como Vivaldi, Haendel y Bach, entre otros.

Pero además compusieron música para los rituales religiosos de las misiones, donde se puede apreciar la persistencia del cancionero popular español ( flamenco ), música de carácter alegre ( sincopa ), con cierto aire regional nativo.
        
El Padre  Antonio Sep, dio un enorme prestigio musical al Conservatorio de Yapeyú. Enseñó a los indios música y a interpretarla en los diversos instrumentos que había y otros que fueron fabricados allí por los propios aborígenes.

 Yapeyú pasó a ser el más grande conservatorio musical del Río de la Plata. Allí venían a perfeccionarse en música con el Padre Antonio Sep.                                           
Todas estas prácticas, ceremonias, conocimientos y destrezas artísticas sobre la música, los cantos corales, las danzas, la fabricación de variedades de instrumentos, nos hablan de una preparación artística de muy buen nivel, que ha calado muy hondo en el corazón y el espíritu de los guaraníes.

Las misiones duraron hasta el momento de su expulsión, en 1767. El aislamiento en que estuvieron esos pueblos, 30 en total,  durante un siglo y medio ( 1609 / 1767 ), ha influido sin dudas, para conformar una matiz regional propio.

Haciendo un rápido análisis de lo sucedido, vemos que en ese lapso de 158 años nació, creció y murió una fantástica aventura humana, con muchos aspectos positivos que sirvieron para promocionar humana y espiritualmente al elemento aborigen.

Al momento de su expulsión se perdieron muchos elementos de la cultura, no así el conocimiento adquirido por los aborígenes, que con el tiempo lo proyectaron a la modalidad costumbrista regional y aún perduran en el  seno y en el sentimiento  de los pueblos de toda la región.
        
Las raíces melódicas de nuestra música

         Hacia allí vamos ahora, tratando de establecer cuales son esas raíces. Pero antes es necesario convenir que nada se explicaría, ni se entendería, sin tener en cuenta la relación histórica-social-cultural y espiritual que nos une con las demás provincias hermanas de nuestra Región Litoral, inclusive con la R.O. del Uruguay y Sur de Brasil. En otras palabras, el folclore de una provincia se lo  puede entender mejor si se lo relaciona con el ámbito regional.

Entonces, cuando decimos “ música entrerriana “ estamos tratando el tema  en forma amplia y relacionado con el contexto regional, buscando  precisar cuales han sido las especies que han cobrado mayor vigencia en el seno del pueblo a través de los años, si son genuinas o provienen de otras culturas. Pero como nada es estático dentro del folclore, el dinamismo de cada pueblo le otorga el colorido de su propia modalidad costumbrista.






Como vemos, la herencia en materia musical que nos legaron nuestros antepasados   viene de lejos, los aires precolombinos, en primer lugar,  le siguen en orden cronológico las que están vinculadas con el aporte hispánico del período de la colonización, más precisamente  del tiempo de las misiones jesuíticas, los aportes de la cultura Afro y más cercanas en el tiempo, de las etnias de inmigrantes colonizadores europeos del siglo 19 y 20, que fueron muy importantes y ayudaron a fortalecer y a enriquecer mucho más nuestra música.

         Partiendo de esta base,  con datos documentales, partituras, testimonios y/o memorias escritas por investigadores, historiadores,  poetas, escritores, viajeros, etc., podemos  decir que  las raíces melódicas de nuestra música se originan en esas vertientes, que son las mismas que nutren a  toda la región.

Claro, el paso del tiempo hizo que Entre Ríos se fuera llenando de notas musicales por toda su geografía. El canto de la tierra comenzó a ser escuchado de los primeros cantores improvisadores, acompañados de su fiel instrumento, la guitarra, en momentos de animar las reuniones en los galpones de las estancias, o acompañando a los caudillos federales y a las montoneras gauchas, echando sus coplas al viento, para dejar su huella poética y musical en los pueblos y parajes de toda la Región Montielera.

Y surge la figura del Maestro Linares Cardozo, Docente, Poeta, Plástico, Compositor, allá por 1950, quien realizó un importante trabajo de recopilación, investigación  y ordenamiento de esos cantares antiguos, produciendo a la vez composiciones musicales que le   otorgaron  a Entre Ríos un sello distintivo, todo lo cual se le ha reconocido con justicia.

El mapa musical de Entre Ríos es como que se divide en dos parte: zona sur, donde es notable la influencia de la música de la Región de Plata y de la Pampa Gaucha Argentina ( El Tango, La Milonga, El Vals Criollo ), y zona norte, donde se manifiesta con mucha fuerza  la música de la Región Guaranítica ( El Chamamé ).

Pero la modalidad musical que más identifica a Entre Ríos es La Chamarrita, Se trata de una danza tradicional que proviene de otra cultura, traída por los colonos de las Islas Azores y Madeiras ( Portugal ), a la región de Río Grande Do Sul, Brasil, en el siglo XVIII, donde se la conoce con el nombre de “ Chamarrita o Chimarrita Riograndense “, de allí pasó a la R. O. del Uruguay, donde se la denominó “ Simarrita “ y también al sur de Corrientes y Entre Ríos, donde retomó su nombre original de” Chamarrita “, sufriendo un lógico proceso de transformación y adaptación a la modalidad costumbrista regional.

                   Figuró en el repertorio musical, entre 1850 y 1920, en los salones de Paraná y villas entrerrianas. El Maestro Linares la rastreó por el sur de Corrientes y Norte de Entre Ríos, y afirma que es la música y baile de los troperos y que la ha  visto bailar en la zona rural de La Paz y en las costas del Río Feliciano.




En los últimos tiempos ha vuelto a renacer esta especie musical tradicional, pasando a ser una danza viva. En cualquier festival o fiesta criolla, durante las bailantas, se intercalan algunas chamarritas y el público las baila gustosos, no ya en forma tradicional colectiva o en rueda, sino en pareja suelta e independiente.

El Tanguito Liso o Rasgueadito Montielero, que es la expresión más genuina de su música. Se trata de una antigua pieza musical recogida de viejos acordeonistas, que animaban los fogones en los montes y obrajes del Montiel, de ahí su nombre.( Ver La Canción Montielera - Revista “ C. El Pago se hace Canto “ – Edición Nº 29 – Enero / 2009 )

El Chamamé,  la expresión más viva del folclore de la Región Guaranítica, llega con mucha fuerza desde Corrientes y tiene gran arraigo y aceptación en Entre Ríos. La esencia del chamamé al estilo entrerriano reúne tres características que son constante: cadencia, melodías y  tonos menores.

No perdemos de vista a otras especies musicales, que también se identifican dentro del cancionero provincial por haber figurado alguna vez en el repertorio de nuestros músicos, se bailaron o se cantaron. La siguiente síntesis da cuenta del panorama de nuestra música.

Las especies más conocidas en Entre Ríos

Históricas
El Cielito / Pericón Nacional / El Gato
El Triunfo / La Huella
El Triste / La Cifra /
El Estilo o Compuesto Entrerriano
La Milonga Pampeana / La Milonga Oriental
La Habanera
Tradicionales
La Chamarrita Entrerriana
         El Tanguito Montielero / El Rasguido Doble
         El Chamamé / El Chamamé Canción
El Valseado / El Vals Criollo 
La Ranchera
El Candombe Rioplatense
El Tango / La Milonga ciudadana
El aporte de los inmigrantes:
El Vals – La Polka – El Schotis – La Mazurca

La variedad y riqueza musical traídas a estos lares por los inmigrantes colonizadores en la segunda mitad del siglo 19, se conservaron, en un primer momento, dentro de cada una de esas comunidades, pero luego al darse la integración social, cultural, laboral, etc., con el medio, fueron fusionándose por generación espontánea con otras modalidades musicales  criollas, tomando el matiz y colorido propio del lugar.

          En cuanto a los músicos, los pioneros y los continuadores, los veremos en otra página, pero desde ya que es bastante extensa, lo cual da una idea acerca del movimiento de músicos y cantores que se ha generado a partir de la década de 1960, gracias a aquellos que echaron la semilla en esta tierra fértil que es Entre Ríos, principalmente a las prédicas del Maestro Linares Cardozo, a quien podemos considerar como “ El Padre del Folclore Entrerriano “, y que nos hizo comprender la importancia de levantar bien en  alto, las banderas del canto y de la música provinciana.